lunes, 16 de mayo de 2016

"¿Te has tomado la medicación?"




“¿Te has tomado la medicación?”

Hay algo intrínsecamente malo en esa pregunta. Te está diciendo: “Eso que estás diciendo (o tu ira, o tu carácter, normalmente aletargados por los fármacos y a los que parece que perdiste hace tiempo el derecho) no es válido, tienes un fallo que debe ser subsanado con esas pastillas, vuelve a tu ser acomodaticio y pasivo al que nos tienes acostumbrados, mantente en tu rol”.

El primer concepto que hay que superar es aquel mágico e infantil de que la medicina es algo que nos cura cuando estamos malitos. Los antipsicóticos no curan. Sí que sirven cuando tienes un episodio agudo para resetearte. Se supone que, en ese estado psicótico, según la psiquiatría, eres “refractario al diálogo”, pero no es que los psiquiatras sean unos genios de ese arte.
Los antipsicóticos, más o menos, lo que hacen, y esto te lo podrá decir cualquier psiquiatra honesto que no te trate como a un menor de edad, es disminuir o controlar el nivel de dopamina de tu cerebro, de forma más o menos agresiva. Los hay muy primitivos y violentos, como el Risperdal, que en su día me provocó todos los síntomas del Parkinson.
Cuando padeces Parkinson, mueren tus neuronas que producen dopamina. Los antipsicóticos no matan esas neuronas (o eso espero y me han dicho), pero sí que las bloquean.
¿Qué función cumple la dopamina en nuestro cerebro? Muchas. Psicomotriz, de alerta, de motivación, de confianza en ti mismo, de valor. La cafeína, por ejemplo, es un dopaminérgico, como el enamoramiento. No es casual que los pacientes psiquiátricos suelan engancharse al café, al igual que el 60% fuman tabaco, otro estimulante que sólo te relaja cuando eres adicto, y que está comprobado que bloquea la acción de los antipsicóticos.

¿Y sabiendo todo esto, por qué te las tomas?

Tal vez la respuesta es: porque hace tiempo que surtieron efecto y dejaste de creer en ti mismo.
A los pocos días, entras en razón y recuerdas que, cuando anteriormente, aquel médico tan alegremente te los retiró o dejó al mínimo, tuviste tus segundo y tercer brote psicótico. Y pones fin a tu debate interior.

Pero sabes que la amargura y el enojo persistirán, pues no te dejan vivir plenamente, sólo los tomas para evitar males mayores, te sientes castrado pero sabes que estás entre la espada y la pared, y no tienes siempre presente el argumento del párrafo anterior ni el comportamiento de esas personas diagnosticadas que conoces y que no se los toman, y a quienes no te quieres parecer.

Y vuelta a empezar.

1 comentario:

Remo dijo...

Ey amigo, me gusto lo que escribiste. Soy diagnosticado esquizofrenico paranoide. Vivi mucho tiempo sin medicacion y ahora la tomo solo cuando la necesito, cuando aparecen los sintomas positivos y no tengo manera de controlarlos solo. En fin. Saludos!